Nada de modelos de 1,80 metros de altura, o medidas de ensueño: la firma de moda Vêtements presentó hoy su colección otoño-invierno con personas de la calle que parecían vestir sus propias prendas.

Una anciana con la melena blanca desfiló con abrigo de pieles, un hombre calvo de mediana edad con traje de chaqueta y una gabardina XL, o una chica joven vistió vaqueros y gabardina mientras sostenía aún en sus manos el casco de la moto.

Punks, uniformes militares, góticos o looks de abuelo: no hubo estilo que no quedara representado en el desfile de esta marca que ha trastocado los esquemas de la moda en los menos de tres años que lleva desfilando en París.

El equipo de diseñadores que se mantiene en un relativo anonimato tras el nombre de la marca, “ropa” en castellano, ha popularizado el uso de prendas absolutamente anodinas y en apariencia poco modernas, como camisetas de servicios de mensajería o reversión ando el logro de marcas deportivas de bajo coste.

Vêtements ha conseguido colarse en la semana de la Alta Costura -que estos días presenta las colecciones primavera-verano 2017- como miembro invitado, a pesar de que lo que muestra es la línea prêt-à-porter otoño-invierno 2017/2018, adelantándose a los desfiles de marzo.

En Chanel, uno de los miembros más poderosos y célebres de la Alta Costura, la colección estuvo cargada hoy de tonos pastel combinados con gris metalizado, aunque fue el decorado y el casting de modelos lo que atrajo gran parte de la atención.

La pasarela fue un escenario de espejos, bajo el techo acristalado del Grand Palais, inspirado en la histórica tienda de Chanel, en el 31 de la rue Cambon, donde la modista seguía los desfiles desde lo alto de las escaleras, a través de los espejos que había mandado colocar.

Una de las musas de la casa, la modelo Arizona Muse, abrió el desfile con un traje en tweed verde menta, ajustado en la cintura mediante un cinturón nacarado y falda ligeramente evasé a la altura de las rodillas.

La vestimenta quizás más famosa de Chanel adquirió así una silueta sesentera, en blanco y una gama de colores pastel, acompañado de un pequeño sombrero que se lleva levantado hacia atrás, colocado prácticamente como un halo.

Para restar rigidez al look, los trajes se combinaron con blusas de seda que sobresalen con grandes lazadas.

Pero fueron sin duda los vestidos de noche los que dejaron atónitos a los invitados.

Cargados de lentejuelas y brillos, las prendas marcaron las formas femeninas con un discreto corte sirena en las cola decorado con plumas rosas.

En los accesorios, el diseñador de la firma, Karl Lagerfeld, propuso un único modelo de salón, metalizado y con tacón alto.

La joven actriz, Lily-Rose Depp, hija del intérprete Johnny Depp y de la modelo y cantante Vanessa Paradis, presente entre los invitados, cerró el desfile con un vestido de novia rosa pastel de larga cola, con volantes y mucho volumen.

Finalmente, fue el turno del diseñador Julien Fournié para quien este martes fue un día de celebración, ya que se trató de su primer desfile como miembro oficial de la Alta Costura, tras cuatro años participando como invitado.

“Esta designación me va a ayudar a desarrollar la marca. Nuestro centro es la alta costura, pero vamos a poder trabajar el prêt-à-porter, accesorios y buscar socios financieros”, declaró el diseñador a Efe tras el desfile.

Su colección tuvo una decena de diseños urbanos, siempre trabajados como Alta Costura, como un colorido esmoquin en jacquard en azules y amarillos, blazers combinados o largas blusas vaporosas sobre pantalones negros de lentejuelas.

El resto de la colección estuvo protagonizada por vestidos de corte evasé, marcando cintura incluso mediante la introducción de sensuales corsés y exagerados escotes corazón o en V.

Pero lo que realmente marcó su ritmo fue el color que inundó la pasarela: amarillo, rosa fucsia, naranja, violeta; en ocasiones en estampados que imitaban la técnica ‘dripping’ (goteo de pintura) de Jackson Pollock.

“Es una colección de movimiento. Mi trabajo es iconoclasta y creo que he mostrado una nueva ligereza con pelos despeinados y sin maquillaje”, señaló Fournié, a quien le gusta evocar un mujer “libre” que no vive “encerrada en vestidos”.

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